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Mundial México 1970: Partido del Siglo

Partita del Secolo en italiano. Jahrhundertspiel en alemán. El llamado “Partido del Siglo” no determinó un campeonato, pero la semifinal del Mundial que disputaron italianos y alemanes el 17 de junio de 1970, en un Estadio Azteca abarrotado, fue un partido que se quedó grabado en la memoria de todos aquellos que lo presenciaron, ya fuera en el estadio o por televisión. Un partido que ha quedado grabado en los anales de la historia y que merece ser conocido por las nuevas generaciones.

Italia llegaba como campeón de Europa, pero su desempeño en el torneo dejó que desear. Un solo gol en fase de grupos ponía en duda su capacidad ofensiva, pero su defensa, conformada por Tarcisio Burgnich, Giacinto Facchetti, Pierluigi Cera y Roberto Rosato los sostuvo durante los primeros partidos. Se reencontraron con los goles en el partido de final contra México, con gran despliegue de Gianni Rivera y Luigi Riva que hicieron de la azurra una fuerza imparable para los anfitriones.

Alemania Occidental, por su parte, dejó claro desde el primer partido que era candidata seria para llevarse la Copa. Gerd Müller era una máquina de hacer goles, Franz Beckenbauer cada vez era más un Kaiser, el amo y el jefe del terreno de juego, y Uwe Seeler era un veterano de mil batallas. En el partido de cuartos de final tuvieron un intenso y exhaustivo partido contra Inglaterra. Los tiempos extra fueron necesarios para que los teutones se impusieran a los ingleses, sin goles fantasma.

Frente a 102,444 espectadores, ambas escuadras saltaron a la cancha del Estadio Azteca a las 4 de la tarde. Italia vestía su tradicional uniforme azul y los alemanes, con camiseta blanca y short negro. Desde el silbatazo inicial hubo intensidad, pero también falta de un juego cohesionado por parte ambos equipos. Parecía que la ansiedad se apoderaba de los 22 jugadores y evitaba que pudieran desarrollar su fútbol. Italia tenía en Sandro Mazzola a su talento para la generación, por lo que Beckenbauer fue el encargado de evitar que éste pudiera desarrollar su fútbol. Esto hizo que, durante los primeros compases, el Káiser estuviera más atento a Mazzola que a proyectar ofensivamente a su equipo.

Pero al minuto 8, Italia asestó el primer golpe. Roberto Boninsegna se combinó con Luigi Riva, su compañero en el frente de ataque. Intentó devolverle el balón, sin embargo, el rebote le quedó manso. Sin pensarlo, disparó con potencia para vencer a Sepp Maier, el portero alemán. 1-0.

El gol espabiló a los alemanes. Beckenbauer se hizo del control y casi lo empata tras una de sus características embestidas hacia el área rival. Casi lo empata, pero Facchetti enredó sus piernas con las del Kaiser. El árbitro no marcó la falta, a pesar de las airadas protestas de los alemanes. Los italianos, atrincherados en defensa, respiraron aliviados.

Los alemanes continuaron asediando la portería defendida por Enrico Albertosi. Müller, Seeler y Beckenabuer no cejaban en busca del gol, aunque la oportunidad más clara llegó de los botines de un italiano. Tras una serie de rebotes en el área azzurra, Mario Bertini rebanó el balón hacia su propia portería, pero, de manera dramática, pasó a unos centímetros por encima del larguero. De nuevo, los italianos volvían a respirar tras contener el aliento.

Pero el asedio teutón hacía retroceder cada vez más a los italianos, que apostaban por su sólida defensa y buscaban el contragolpe con Riva y Boninsegna. Albertosi fue exigido e hizo una gran atajada a un disparo de media vuelta de Müller. Después estuvo muy atento para manotear a córner un despeje defectuoso. Antes del medio tiempo, Sandro Mazzola pudo aumentar la ventaja para su equipo en un mano a mano ante Maier. Decidió usar el exterior del pie derecho para definir y voló su disparo por encima de la portería. Medio tiempo y el 1 -0 prevalecía.

Para la segunda mitad, Ferruccio Valcareggi, el técnico italiano, dejó a Mazzola en el banquillo para dar ingreso a Gianni Rivera, y fueron los italianos los que tuvieron la primera oportunidad clara. Robaron un balón tras un mal pase de los alemanes. Angelo Domenghini recogió el balón, profundizando por la banda derecha. Vio a Riva desmarcado y lanzó un preciso centro para que éste cabeceara. Sin embargo, Maier estuvo muy atento para evitar el gol.

Los alemanes recuperaron el control de las acciones y el blitzkrieg se puso de nuevo en acción. AL minuto 60, Wolfgang Overath tuvo la oportunidad de empatar, desde una posición inmejorable tras un centro raso al punto de penalti, sin embargo, voló su disparo. Otra ocasión desperdiciada para Alemania, que, a pesar de los fallos, no dejaba de buscar el empate.

El asedio alemán se intensificaba. Habían agotado sus dos cambios, sacando a un defensa (Bernd Pantze) para dar entrada a un centrocampista (Sigfried Held): arriesgaban para poder lograr la paridad en el marcador. Entonces, la polémica se hizo presente. Franz Beckenbauer avanzaba con determinación hacia el área Italia cuando Pierluigi Cera no encontró otra manera de detenerlo que tropezarlo usando su cuerpo, lo que desestabilizó al Káiser. Lo hizo caer de tal manera que su clavícula resultó seriamente lastimada. Los alemanes reclamaron penalti, el árbitro marcó la falta fuera del área, para agravio de los teutones. El tiro libre quedó en nada. Sin poder realizar más cambios, Beckenbauer, el legendario Kaiser, nos regaló una de las postales más icónicas de este partido: siguió jugando con su brazo en un cabestrillo improvisado para no dejar a su equipo con un hombre menos.

Aun con el Káiser disminuido, los alemanes no cejaron en su intento, pero sus intentos eran frustrados por Albertosi y su propia falta de puntería. El Estadio Azteca los apoyaba porque querían disfrutar de más fútbol. Corría el último minuto del partido y todo parecía indicar que los italianos lograrían el triunfo. Entonces, apareció Karl-Heinz Schnellinger. Tras un saque de banda, Jürgen Grabowski centró con suma precisión para la entrada de Schnellinger, un central que estaba en el área como un delantero más. Aprovechando que estaba sin marca, remató con la pierna izquierda, de primera, para hacer el gol del empate. El único gol que haría Karl-Heinz, que en ese entonces jugaba en el Milán, durante su trayectoria como seleccionado. “De todos, ¡tuvo que ser Schnellinger!”, exclamaban los periodistas alemanes.

Partido empatado en el suspiro final. Gianni Rivera, compañero de Schnellinger en el Milán, le dijo, cuando pasó a su lado para el saque desde el centro del campo: “Cuando vuelvas a Italia te vamos a volar el coche.” Así de mal sentó el gol a los italianos, que ya se veían en la final. Por su parte, el Estadio Azteca enloqueció tras el gol de Schnellinger. Y eso que no sabían que lo mejor estaba por venir.

 

Los tiempos extras daban la sensación que Alemania sería la vencedora. Tras haber penetrado la aparentemente inexpugnable defensa italiana, parecía que los teutones lograrían anotar los goles que no pudieron hacer durante los 90 minutos del tiempo regular. Y apenas habían pasado 4 minutos del primer tiempo extra cuando Gerd Müller puso en ventaja a los suyos. Alemania cobró un tiro de esquina. Uwe Seeler recentró hacia el área chica, Fabrizio Polleti, quien había entrado de cambio, no pudo despejar y buscó cederla a Albertosi, pero su pase fue defectuoso y Müller, siempre al acecho, apenas tocó el balón para mandarla al fondo. 2-1.

Tras haber soportado la intensidad de la blitzkrieg, se podía pensar que los italianos finalmente se desmoronarían, sobre todo, cuando Grabowski casi aumenta la ventaja. Sin embargo, el error es parte del juego y los alemanes se equivocaron. En un cobro de tiro libre, Held no pudo despejar de manera adecuada y dejó la pelota mansa en su propia área, lista para que Tarcisio Burgnich la enviara a las redes. En el momento menos esperado, el partido se empató de nuevo.

Los alemanes se volcaron en busca del gol para retomar la ventaja. Las piernas penaban y la mente ya no estaba tan clara, pero la calidad del partido no decayó. El Káiser, adolorido y maltrecho, era un ejemplo de la tenacidad de los 22 jugadores en la cancha. Cuando die Manschaft merodeaba con más ahínco el área italiana, Domenghini salió disparado en el contragolpe. Vio a Riva desmarcado y le hizo llegar el balón. Luigi se deshizo de Schnellinger (sin la necesidad de explotar su automóvil) con una finta y su disparo fue inatajable para Maier. Italia recuperaba la ventaja justo antes del final del primer tiempo extra. 3-2.

Con una fatiga palpable, pero con una entrega total, ambos equipos dieron el máximo por 15 minutos más. Al minuto 109 del tiempo corrido, Uwe Seeler tuvo la fuerza en sus piernas para saltar por encima de todos para recentrar con la cabeza un cobro de tiro de esquina. Müller aprovechó su inmejorable colocación para rematar con la testa. Como rezan los adagios futboleros, dos cabezazos en el área terminan en gol. Empate de nuevo. 3 -3.

Increíblemente, casi de manera instantánea, Italia recuperó la ventaja. Tras el saque reglamentario después del gol, Italia tejió una fugaz jugada, en la que Facchetti lanzó a Boninsegna por la banda izquierda, quien corrió como si sus piernas no tuvieran la carga de 111 minutos de máximo desgaste. Dejó atrás a Wiili Schulz y lanzó una diagonal atrasada para la llegada de Rivera, que, sin pensarlo, con la parte interna de su pie derecho, mandó un colocado e inatajable disparo para Maier. La azzurra recuperaba la ventaja. 4-3

La Manschaft lo buscó con el ahínco mostrado durante todo el partido. No obstante, el desgaste físico (dos partidos consecutivos de 120 minutos) fue mermando su claridad e Italia logró recuperar la solidez defensiva hasta que el reloj se agotó. Italia se impuso en un partido cargado de volteretas, goles, buen fútbol, y, sobre todo, emociones. No ha habido otro partido en el que se hayan anotado 5 goles en los tiempos extra. El premio fue encontrarse con Brasil en la final. 32 años después, Italia volvía a disputar un partido para llevarse el trofeo Jules Rimet.

Por su parte, Alemania Occidental se conformó con el tercer lugar. A pesar del brutal desgaste al que habían sido sometidos, el gol al minuto 26 de Overath bastó para que vencieran a la aguerrida selección uruguaya. Cuando lo alemanes regresaron a casa, estaban conscientes que vencer a Brasil hubiera sido casi imposible por el agotamiento de sus piernas. No obstante, este equipo fue la base del que dos años después se coronó como campeón europeo y que se llevaría la Copa Mundial en 1974.

Un partido memorable en el que los 26 jugadores que tuvieron participación se entregaron por completo durante los 120 minutos que duró el cotejo. Con un fútbol de altísimo nivel, la squadra azzurra y la Manschaft demostraron que el fútbol es un espectáculo que deja absortos a los aficionados al punto de perder la perspectiva. Un ejemplo es que, en una cárcel de Tixtla, en el estado de Guerrero, 23 presos aprovecharon que los vigilantes no despegaban los ojos del partido para escaparse de la cárcel.

Este partido quedó grabado para siempre en la memoria de aquellos que tuvieron el privilegio de disfrutar el partido. Y el Estadio Azteca, testigo privilegiado, decidió honrar con una placa conmemorativa al Partido del Siglo.

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Silverlune24

Silverlune24

Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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