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Final Mundial México 1970: El Scratch du Oro

Brasil y el jogo bonito. Italia y el catenaccio. Brasil y su estilo ultra ofensivo. Italia y su esencia ultra defensiva. El scratch du oro. La squadra azzurra. En la final del Mundial de México de 1970 se encontraron dos selecciones con estilos completamente opuestos. Dos filosofías antagónicas de entender y ejecutar el fútbol. Italia y Brasil, uno el antónimo del otro, llegaron a la definición del torneo con la mira puesta en obtener su tercera Copa Mundial y quedarse con el trofeo Jules Rimet en sus vitrinas para la posteridad. Una final en la que el scratch du oro consagró su jogo bonito y el mundo se rindió a los pies de O Rei.

Brasil llegó al Mundial tras unos meses convulsos. Joao Saldanha, quien había dirigido a la canarinha durante la fase de clasificación de manera invicta, fue destituido tras una serie de diferencias que tenía con el gobierno del General Emilio Garrastazu Medici. El dictador buscaba legitimarse a través de los triunfos de la selección y constantemente trataba de interferir con las decisiones de Saldanha (convocatorias, elección de titulares, etc). Además, Pelé no tenía una buena relación con el técnico, que lo llegó a llamar miope cuando O Rei hizo unos comentarios con respecto a las tácticas de Argentina en un amistoso. Eso sentó fatal a Saldanha, al punto que dijo que Pelé estaba por quedarse ciego y pronto dejaría de jugar. La prensa arrinconó al entrenador hasta que el régimen tomó la decisión de destituirlo y nombrar a Mario “Lobo” Zagallo, ex compañero de Pelé en la selección en los Mundiales de 1958 y 1962, como su sustituto.

Lo que hizo Zagallo fue armar el equipo con 5 hombres que en sus clubes jugaban en la misma posición, ejecutaban el mismo rol y cumplían con funciones similares: la del 10. Pelé lo hacía en el Santos, Gerson en el Sao Paulo, Tostao en el Cruzeiro, Rivelino en el Corinthians y Jairzinho en el Botafogo. No era fácil conjuntar a cinco jugadores con perfiles tan similares, pero Zagallo ideó un sistema en el que los cinco cupieran y cumplieran: Tostao fungía como falso 9. En el espacio que liberaba, aparecía Jairzinho desde la derecha y con una mayor presencia en la zona de influencia del delantero. Pelé gravitaba en el medio campo y tenía libertad de movimientos. Rivelino partía desde la izquierda, mientras que Gerson lo hizo desde la contención, siendo el estratega, el mariscal de campo y el lanzador. El resultado fue un Brasil dominante en todos los partidos que disputó en México durante el Mundial. El Brasil de los 5 “10” produjo Futebol d’arte que enamoró al mundo.

Por su parte, Italia acaba de coronarse en la Eurocopa como local en 1968. A diferencia de otras selecciones, el predominio ya no era de los clubes italianos del norte de la península, sino que la plantilla contaba con jugadores de clubes como el Cagliari y el Napoli. El entrenador, Ferruccio Valcareggi, buscaba el balance defensivo por sobre todo. Tenía dos jugadores sumamente talentosos, Sandro Mazzola y Gianni Rivera, en la posición de “10” o trequartista, como lo llaman los italianos. A diferencia de Zagallo, Valcareggi no veía la cabida de ambos jugadores en una misma alineación. Los veía incompatibles y no planeaba alterar su esquema. Italia se basaba en la fortaleza de sus cuatro defensores, el talento de un trequartista y la mortífera precisión de dos delanteros. Para Valcareggi, la presencia simultánea de Mazzola y Rivera afectaría el balance y el rendimiento del equipo. Aunado a que a Rivera no tenía una condición física tan privilegiada como la de Mazzola. Así que implantó la estrategia conocida como staffetta (relevo), que consistía en poner a Mazzola durante los primeros 45 minutos y a Rivera para la segunda mitad. Una decisión controversial y que, dado a los resultados de la primera ronda del Mundial -un solo gol anotado-, fue altamente cuestionada. No obstante, ya en cuartos de final, los goles empezaron a caer. Cuatro a México y cuatro más a Alemania en el partido del siglo. A pesar del desgaste de haber jugado 120 minutos en la semifinal. los italianos estaban confiados de cara a la final. “Pueden comprar la champaña,” declaró Mazzola.

Desde su inauguración, el 26 de mayo de 1966, el Estadio Azteca no había tenido un lleno tan espectacular. 107,412 personas abarrotaron las gradas, a pesar de la lluvia y el alto costo de las entradas. Tras un Mundial lleno de buen fútbol, estaban a la expectativa de un gran partido. Uno que fuera la guinda para un torneo maravilloso.

Tras una breve ceremonia de clausura, ambas escuadras saltaron a la cancha, que, a pesar de la lluvia, estaba en perfectas condiciones para el buen desarrollo de toda una final. Italia veía la fragilidad en su defensa y buscaron atacar desde el principio, conscientes de que su físico no estaba en óptimas condiciones tras el desgaste al que se vieron sometidos en las semifinales. Así que salieron al ataque durante los primeros minutos. Exigieron a Félix, el portero brasileño, que, si bien no estaba al nivel del resto de sus compañeros, respondió a la altura.

Brasil poco a poco fue haciéndose del control del partido, aunque los italianos no dejaron de tener oportunidades. Pero Everaldo, imperial por la banda izquierda, cortó los avances azurri una y otra vez. Clodoaldo, el compañero de la contención de Gerson y con un despliegue físico brutal que lo hizo perder 5 kilos durante el torneo, se mostraba tan eficiente como siempre. Pelé estaba sometiendo a una férrea marca por parte de Rosato y Cera, auxiliados por Bertini. Ambos equipos intercambiaron oportunidades de gol, hasta que llegó el minuto 18.

Saque de manos a favor de Brasil tras un despeje de Facchetti. Tostao cobró hacia Rivelino que, tras un bote, centró de primera. El balón voló por sobre los centrales italianos hasta el segundo poste de la portería azzurra. Pelé se elevó por sobre Burgnich, suspendiéndose un instante en el aire, y cabeceó con potencia para vencer a Albertosi, quien, a pesar de su estirada, nada pudo hacer. 1-0 Brasil y una postal para el recuerdo.

El gol animó aún más a la canarinha y agobiaron a los italianos, que sólo se defendían desesperadamente para evitar que su portería cayera por segunda vez. Burgnich fue amonestado, pero Brasil no terminaba de aprovechar su amplio dominio. Curiosamente, el siempre exquisito Rivelino se mostraba impreciso en sus controles de balón, síntoma de la poca efectividad de los amazónicos.

Dice el adagio que los goles que no haces te los hacen y justo eso fue lo que pasó. Tras un aviso de Mazzola en el minuto 30, pero Gerson intervino para evitar un gol seguro, llegó el tanto del empate azzurro. Clodoaldo quiso salir jugando de lujo, arriesgando excesivamente el balón. Atento a la acción, Roberto Boninsegna se apresuró para robarle el cuero. Superó a Carlos Alberto, aprovechó el resbalón de Brito y la salida precipitada de Félix para mandar la pelota al fondo de la portería desierta desde fuera del área. Para sorpresa de todos, el partido estaba 1-1.

Brasil se lanzó buscando el gol de la diferencia. Sin embargo, su ataque fue más desesperado que organizado. Rivelino fue amonestado y no hubo una oportunidad clara. Pelé marcó un gol, pero el árbitro ya había pitado el final de los 45 minutos. El empate era un excelente resultado para los azzurri.

Para el segundo tiempo, Brasil salió con determinación y apremio en busca del marcador. Sus ataques eran más emprendedores al ataque, con presencia en ofensiva de sus laterales, sobre todo de Carlos Alberto. Italia, fiel a su costumbre, cedió totalmente la iniciativa, buscando hacer daño a través del contragolpe. Albertosi fue exigido y Domenghini estuvo a punto de hacer válida la estrategia italiana, pero Everardo, de una actuación excepcional, llegó a tiempo para desviar el disparo.

Brasil comenzó a acumular disparos de media distancia sobre la portería italiana. Pelé casi logra el doblete con un disparo que pasó encima del travesaño. Sin embargo, fue una jugada por la banda izquierda la que abrió la puerta italiana. Everaldo se sumó al ataque. Pasó para Jairzinho, quien buscó driblar a Facchetti, pero al no poder deshacerse de su marca, se la cedió a Gerson. El número 8 no dudó y colocó un disparo perfectamente colocado con la zurda para volver a hacer inútil la estirada de Albertosi. Minuto 66, 2 a 1 para Brasil.

El cansancio comenzaba a ser cada vez más notorio en las piernas italianas, cuyas marcas eran tardías. Cometían faltas constantemente, ante su incapacidad de contener los embates brasileños. Apenas 5 minutos después de que cayera el segundo, vino el tercero. Una falta sobre Pelé propició un tiro libre para Brasil un par de metros delante de la media cancha. Gerson envío un centro cruzado, exacto a la cabeza de Pelé. El “10” cabeceó para habilitar la llega de Jairzinho, quien sólo tuvo que empujar el balón al fondo de las redes. Así, el número 7 anotó en todos los partidos del Mundial.

Italia buscó alguna manera de acercarse en el marcador, pero eran incapaces de inquietar a Félix. Brasil continuó con su dominio y lo acrecentó en el último cuarto de hora. Rivelino no aprovechó un tiro cómodo desde el borde del área y Albertosi tuvo que intervenir en diversas ocasiones. Entonces, llegó la magia y el gol que ejemplifica a la perfección lo que era el Futebol d’arte, el fútbol samba.

Zagallo les había dicho a sus jugadores que si Jairzinho, Tostao y Pelé se cargaban a la derecha de la defensa italiana, podían hacer daño por la izquierda. Corrían los último cinco minutos de la final. Tostao recuperó un balón en su propia cancha, y entonces, la magia ocurrió. Dio un pase para Brito, que rápidamente cedió para Clodoaldo, quien la dejó para Pelé, quien a su vez la pasó para Gerson que de primera la devolvió a Clodoaldo. Cuando éste empezó a dejar italianos desparramados por su camino, el lateral derecho, Carlos Alberto entendió que era la oportunidad ideal para un contragolpe y avanzó hacia el área Italia. Tras deshacerse de cuatro jugadores azzurri, Clodoaldo se la pasó Rivelino.

El 11 levantó la cabeza y lanzó un pase largo para Jairzinho, quien estaba cerca del borde del área italiana. Carlos Alberto vio el espacio y continúo su avance, mientras que Pelé hizo lo propio por el centro del campo. Jairzinho dejó a Facchetti en el camino y vio la llegada de Pelé. Cuando O Rei recibió el balón, hizo la finta de que iba a buscar ingresar al área con el balón controlado, sin embargo, pasó el balón hacia el espacio que había en el lado izquierdo de la defensa italiana. Como un bólido, apareció Carlos Alberto, disparando sin titubeos con su pierna derecha para enviar el balón al fondo de las redes. Un gol bellísimo y el cierre perfecto para un partido redondo. 4 a 1 y no había dudas de quien era el campeón.

Así, Brasil se convirtió en el primer equipo en ganar tres Copa del Mundo. La victoria más amplia en una final desde aquella de 1958. Se proclamaron dueños y señores de la Copa Jules Rimet (que, por desgracia sería robada y destruida en 1983). Mario Zagallo fue el primero en ser campeón tanto como jugador como entrenador. Jairzinho sigue siendo el único jugador que ha anotado en todos los partidos que disputó en una sola edición de un Mundial.

Claro, el triunfo de Brasil tuvo como consecuencia que la dictadura militar se aseguró más tiempo en el poder. “Nadie parará a este país”. Esa frase pronunciada por el General Médici, Copa Jules Rimet en mano con Pelé a su lado, ante una muchedumbre extasiada es una de las que más me ha impactado en el mundo del fútbol. El opio total del pueblo y el fútbol como cuestión de estado.

Pero, enfocándonos exclusivamente en lo futbolístico, este Brasil es el cénit de la técnica y calidad individual al servicio de un colectivo. El fútbol brasileño en su máxima expresión. Nunca más se han vuelto a ver 5 “dieces” jugando al mismo tiempo. Por eso, el Estado Azteca y los aficionados se volcaron para celebrar con los jugadores brasileños tras el silbatazo final. Sabían que habían sido testigos de un fútbol exquisito, de un nivel superior, que desbordaba talento, calidad, magia y arte. Sabían que tal vez nunca volvería a ver algo igual. Sabían que habían visto a O Rei y al Scratch du Oro convertirse en leyendas. Sabían que habían sido parte de la historia de este bello deporte.

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Silverlune24

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Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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