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Usain Bolt: Hermes es humano

La gran noticia del Mundial de Atletismo en Londres, fue que Usain Bolt perdió. En sus  dos últimas carreras, Bolt fue superado por dos corredores y lastrado por una lesión. No hubo un final de cuento de hadas para la carrera del jamaicano, pero que en nada demerita su enorme legado y el impacto que tuvo al trascender su disciplina para convertirse en un referente del deporte mundial.

Tiempo y velocidad. Pocos atletas saben tanto de ambos como Usain Bolt. Por su apellido, hasta parecía predestinado a ser un rayo en las pistas. Persiguió los mejores tiempos, corriendo a toda velocidad, explotando sus piernas para alcanzar hitos que parecían imposibles. Su talento siempre ha ido acompañado de un carisma que lo vuelve en un personaje agradable, simpático para el público (en su mayoría). Su presencia en las pistas atrajo a una audiencia que no era necesariamente seguidora del atletismo, pero que disfrutaba de verlo correr a toda velocidad en busca de récords y triunfos.

Bolt celebrando en Londres 2012

Usain es un corredor atípico. Es demasiado alto para los estándares (1.96 m.), ya que no se cree que pueda acelerar de la manera que lo hace por lo largo de sus piernas, porque al principio de una carrera de 100 metros, los primeros pasos son cortos para poder acelerar. Al ser tan alto, no puede dar pasos tan cortos. Aunado a eso, las salidas nunca han sido su fuerte. En 2011, en Dagau, fue descalificado por una salida en falso. Su reacción, por lo tanto, tiende a ser más lenta que la de sus rivales. Sin embargo, lo anterior lo compensa cuando alcanza la velocidad máxima (ha registrado una velocidad de 44 km/h), y, gracias a la longitud de su zancada, requiere de menos pasos para cubrir la distancia (tres o cuatro menos que sus rivales).Y es precisamente la zancada la que determina que corredores son adecuados para correr los 100 metros en menos de 10 segundos.

La carrera de Bolt no fue siempre lo que conocimos a partir de 2008. En Atenas 2004, con apenas 17 años, el escenario lo abrumó. Su prueba era la de los 200 metros y su mejor tiempo del año le habría valido para subirse al podio (rechazó ofertas de universidades estadounidenses para quedarse en Jamaica a entrenar y, claro, la fiesta). Sin embargo, no quería participar, pero lo convencieron de hacerlo. Había sufrido una lesión en el muslo izquierdo y no llegaba en su mejor momento a la cita olímpica. No pasó la primera eliminatoria. Lo único que quería era irse de Grecia porque toda la experiencia le había resultado nefasta.

Tras una crisis personal y de confianza, Bolt llegaría con Glen Mills para que lo entrenara (con él hizo la preparación para participar también en los 100 metros), quien lo remitió con el doctor alemán Müller-Wohlfart para tratar la lesión del muslo, quien, a su vez, descubrió que su pierna derecha es 1.5 centímetros más corta que su pierna izquierda. También padece escoliosis (curvatura en la columna vertebral) que le ha causado constantes problemas en la parte baja de su espalda. Estas complicaciones físicas ocasionan descompensaciones en el impulso y los primeros apoyos tras la salida.

Sin embargo, Bolt se ha sobrepuesto a las dificultades con entrenamiento y talento. Fue en 2008 cuando el relámpago explotó. Una noche de sábado en Beijing, Usain Bolt nos hizo creer que Hermes se había reencarnado en un jamaicano de 21 años. Voló sobre la pista del Nido de Pájaro e impuso una nueva marca mundial: 9.69 segundos. Hizo lo propio con el récord en los 200 metros y con el de relevos 4×100 junto a sus compañeros.

En 2009, Bolt demostró que podía correr aún más rápido. En el Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín, Usain rompió su propia marca en los 100 metros, dejándola en 9.58 segundos.

La de 200 metros también la rompío. 19.19 segundos. Fue el mejor momento en la carrera de Bolt.

En Londres 2012 y en Rio 2016 volvería a colgarse tres medallas de oro. Sus triunfos y su carisma ayudaron a forjar su leyenda como el más grande. Era imbatible. El héroe que necesitaba el atletismo para reavivar el interés en la disciplina. Pudo retirarse entonces, en lo más alto. El final perfecto para una carrera extraordinaria. Hermes en el Olimpo, disfrutando de la gloria.

Bolt en Rio 2016.

Pero decidió correr un año más. 2017 no ha sido un año sencillo para Bolt. Los problemas de espalda comenzaron a hacer mella en su rendimiento. Además, la muerte de Germaine Mason, su gran amigo desde la adolescencia, tuvo un fuerte impacto en su estado de ánimo. Bolt ya no era el mismo.

Y eso lo pudimos ver en el Campeonato Mundial de Londres. Si bien el ritual antes de cada carrera era el mismo, parecía que el corazón de Bolt ya no estaba en correr. Sufrió para pasar las eliminatorias, y en la final, se vio superado. Sólo le alcanzó para el bronce. Y, en su última carrera, en el 4×100, Usain no pudo siquiera terminar. Una lesión lo derrumbó en la pista. El muslo izquierdo, como en aquel lejano 2005, no le permitió cubrir la distancia.

Las imágenes de Bolt caído nos recuerdan que es un ser humano. No es el final que hubiéramos esperado para el más grande, pero nos deja claro que por más que haya parecido que Hermes haya reencarnado, Usain no es ninguna deidad ni ningún extraterrestre, y esta humanización de Bolt no hace más que poner en perspectiva todo lo que ha alcanzó durante su carrera y lo impresionante que fue su andar -o correr- por el atletismo. Su leyenda está intacta. Su lugar en el Olimpo asegurado.

Usain Bolt es el trueno y el trueno se retiró como el más grande.

 

 

 

 

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Silverlune24

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Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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