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NBA: Súper equipos en busca de Larry

La meta final de todo atleta, de todo deportista, es ganar. En deportes de conjunto, buscan el equipo que los acerque más a la meta de alcanzar títulos. En el caso de la mejor liga de básquetbol del mundo, la NBA, no es diferente. Con tal de hacerse del trofeo Larry O’Brien, las estrellas de la liga buscan la manera de acercarse a la obtención del título. Si el equipo que los eligió en el draft no les brinda las herramientas, exploran otras opciones. Como lo hizo LeBron James cuando se fue a Miami. Como lo hizo Kevin Durant cuando eligió a Golden State. Esto ha hecho que el debate sobre lo que se conoce como “súper equipos” esté más vivo que nunca.

Hay que aclarar que ni Miami, ni Cleveland, ni Golden State son los primeros equipos en reunir a las grandes estrellas de la liga. Podríamos remontarnos hasta 1968 cuando Wilt Chamberlain dejó Filadelfia para irse a Los Lakers de Los Ángeles de Elgin Baylor y Jerry West. Así que la pregunta es: ¿qué es un súper equipo? En Pandemonium consideramos que hay tres características que lo definen:

  • Jugadores, quienes sabemos que irán al salón de la fama, se unen y al menos uno de ellos viene de otro equipo.
  • Eligen un equipo que había mostrado su potencial, con al menos un jugador destacado como de los mejores de la Liga.
  • El súper equipo que resulta es visto como una fuerza que amenaza el balance de poderes en la NBA

Elgin, Wilt y Jerry.

Con estos parámetros, queda más que claro que lo que está pasando en esta era no es algo ‘s novedoso. Así como lo hizo Chamberlain a fines de los ‘60, en 1970, Oscar Robertson (el padre de la agencia libre) dejó a los Cincinnati Royals -los ahora Sacramento Kings- por los Bucks de Milwaukee, juntándose con Lew Ancidor, o, como es mejor conocido, Kareem Abdul Jabbar, para ganar el tan ansiado título. En la década de los ’80, los 76ers de Julius Erving, Dr. J, firmaron a Moses Malone y ambos obtuvieron su anillo.

Robertson y Kareem cuando era Lew Ancidor

Moses y Dr. J

Antes de que Charles Barkley, en 1996, firmara por los Rockets de Olajuwon y Clyde Drexler, los súper equipos como los Celtics de Bird, los Lakers de Magic y los Bulls de Jordan, se habían construido como había sido la costumbre: draft aderezado con una buena agencia libre. Sin embargo, la necesidad de Barkley por ganar un título, hizo que decidiera llevar su talento a Houston.

Olajuwon, Barkley y Drexler

Porque, tras el dominio de Michael Jordan en finales, parecía que ya no era válido el legado de un jugador si en este no se podía contar con, por lo menos, un trofeo Larry O’Brien. Eso hizo que, no solo Barkley, sino también Karl Malone y Gary Payton -con los Lakers de Shaq y Kobe- buscaran desesperadamente un título. Pero los tres fracasaron en su intento. Y fracasaron porque ya no estaban en su mejor momento, simplemente fue un último intento para alcanzarla gloria antes de retirarse.

Ni con Shaq, Kobe y Phil pudieron Payton y Malone obtener su anillo

No obstante, los próceres del súper equipo moderno no fue el Heat de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh. No, fueron los Celtics, cuando en 2008, hicieron intercambios para que Paul Pierce y Rajon Rondo se vieran complementados por Kevin Garnett y Ray Allen. Ambos ya llevaban más de una década en la liga, y nunca habían tenido posibilidades reales de pelear por un título. Mientras que Boston había caído en la más absoluta mediocridad. Este equipo tomó la Conferencia del Este por asalto. Tras una final clásica contra los Lakers de Kobe, Pau Gasol y Lamar Odom, los Celtics se coronaron.

Garnett, Allen y Pierce

Así que, en 2010, cuando LeBron James anunció The Decision de “llevar sus talentos a South Beach” para jugar con Wade y Bosh en el Miami Heat, simplemente estaba siguiendo los pasos de otras estrellas deseosas de levantar el trofeo Larry O’Brien y disfrutar de las mieles del triunfo. Tras años de frustraciones con los Cavs, LeBron buscó el camino que más lo acercara al éxito. Una vez que cimentó su legado con un par de títulos, decidió que el proyecto de Cleveland, con Kyrie Irving y Kevin Love, era el más conveniente para seguir ganando.

LeBron, Dwayne y Chris

Es lo mismo que hizo Kevin Durant. Buscó la mejor opción para ganar y esa opción fue la que le ofrecieron los Warriors. ¿Criticable? Tan criticable como lo pueden ser los ejemplos anteriores. Las estrellas de la NBA quieren que su legado traduzca los números en triunfos en finales. Y Durant ya tiene en su currículum un trofeo Larry O’Brien y un MVP de las finales.

Claro, los casos mencionados anteriormente han sido los más renombrados, pero tenemos equipos en los que el proyecto ha sido un fracaso rotundo. Como esos Nets de 2013, que juntaron a Garnett, Pierce, Joe Johnson, Deron Williams, Brooke Lopez, Andrei Kirilenko, Jason Terry… Por nombres, un súper equipo a toda regla. En desempeño, un equipo fracasó en su intento y ahora sufre las consecuencias al ser uno de los peores de toda la liga.

Fail…

O el caso de los Lakers de 2012. Para arropar a Kobe, llevaron a Hollywood al centro más dominante, Dwight Howard y al veterano Steve Nash, que junto a Pau Gasol y Metta World Peace pintaba para ser un equipo temible en la Conferencia del Oeste. Sin embargo, la falta de química entre Bryant y Howard, el cambio de coach y las lesiones condenaron a los Lakers a perder en primera ronda contra los Spurs de San Antonio.

Nash, World Peace, Bryant, Howard y Gasol

Entonces, si siempre han existido los súper equipos, ¿por qué ahora se critica tanto? Porque lo que ha cambiado es el modo en que se conforman. Si bien los Warriors armaron el núcleo de su talento mediante el draft (Curry, Thompson y Green) y la adición de jugadores como Igoudala en la agencia libre, el hecho de haber firmado a un jugador del calibre de Durant hace que se perciba que estamos entrando en una época en la NBA donde la disparidad entre equipos puede ser más notoria.

Antes, era raro ver a una súper estrella dejar a su equipo para ir a otro buscando un anillo. Antes, era poco común ver a un jugador en su mejor momento ir a un rival directo para consagrarse campeón. Antes, los futuribles del Salón de la Fama que no habían conseguido el colofón de su carrera con un título, se unían a un súper equipo hacia el final de su carrera.

Ahora ese es un fenómeno cada vez más común. Ni LeBron, ni Durant son los responsables de que existan este tipo de súper equipos. Simplemente han decidido que prefieren que en su legado haya la mayor cantidad posible de trofeos de campeón. ¿Y qué jugador no busca lo mismo? Al final de sus carreras, ellos valorarán si todas las críticas y juicios recibidas habrán valido la pena. Porque, lo que es claro, es que no fueron los primeros y no serán los últimos.

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Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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