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Mundial Francia 1938: Entre salvar goles o vidas

Antal Szabó, el portero húngaro, ataja el disparo del italiano Silvio Piola, durante la final del Mundial de 1938, disputada el 19 de junio, en el Estadio Olímpico Yves-du-Manoir, ubicado en la ciudad de Colombes, muy cercana a París. Hungría terminó perdiendo el partido 4 a 2. Tras el partido, Szabo declaró: “Concedí cuatro goles, pero al menos salvé sus vidas.” ¿A qué se refirió? Al telegrama que Mussolini envío a los jugadores italianos a la final con tres palabras: “Vincere o moriré!” Vencer o morir. Los italianos vencieron y se convirtieron así en la primera selección bicampeona.

 

La tercera edición de la Copa del Mundo tuvo lugar en Francia, en 1938, un año antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. La tensión en Europa era palpable, así que la FIFA tenía que tener cuidado en la elección de la sede del Mundial. Argentina había aplicado para ser el país anfitrión, arguyendo que la sede debía alternarse entre Europa y América. Sin embargo, y con el recuerdo de lo que había pasado cuando Uruguay organizó la Copa -rechazo de los europeos a participar por la distancia y lo largo de un viaje transoceánico-, aunado a que ya había 57 naciones afiliadas a la FIFA, en su mayoría, europeas, la FIFA, ya fuera por presión de Rimet o por lealtad hacia él por ser el impulsor de este torneo, decidió otorgar el honor a Francia.

Por primera vez, el anfitrión (Francia) y el campeón (Italia) tenían su plaza asegurada. El resto de los participantes se ganaron su lugar en una fase de clasificación más accidentada de lo normal, no sólo por la coyuntura política de esos años, sino también por la disconformidad de las selecciones sudamericanas por la elección de sede. Brasil sería el único sudamericano participante, mientras que Cuba fue el representante de Norteamérica, siendo ésta su única participación mundialista. Mientras que Asia tuvo a su primer representante en las Indias Orientales Neerlandesas.

Así, hubo un total de 16 participantes, en el mundial que sería conocido como el de “los europeos”: Italia, Francia, Checoslovaquia, Rumania, Bélgica, Noruega, Suecia, Hungría, Suiza, Polonia, Alemania, Austria, Holanda, Brasil, Cuba y las Indias Orientales Neerlandesas.

El contexto político era complicado, tenso. Hitler había invadido Checoslovaquia y reducido a Austria a un simple distrito, al que renombró como Östmark. El mapa de Europa estaba cambiando, y el impacto que tuvo en el futbol fue inevitable. El Führer, así como en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, buscó capitalizar el triunfo deportivo para demostrar la superioridad de la Alemania nazi, así que trató de sacar provecho de los jugadores austriacos. En esa época, Austria era una potencia futbolística, con jugadores talentosos, habilidosos. Así que el técnico alemán, Sepp Herberger, convocó a 5 jugadores austriacos (Raftl, Skoumal, Stroh, Hahnemann y Neumer) para representar a Alemania.

Sin embargo, el jugador al que más codiciaban tener en sus filas era el “Mozart del fútbol”, a Matthias Sindelar. Pero el austriaco se rehusó por dos motivos: dignidad y el hecho de que su esposa Camila Castagnola, era judía.

“El Mozart del Futbol”

A pesar de la insistencia, Matthias no claudicó ante la intimidación. Austria terminó por no poder disputar el Mundial, porque, como se mencionó previamente, Austria dejó de existir como tal, gracias al Anschluss (unión o anexión) que tuvo lugar tres meses antes del inicio del a competencia.

El torneo dio inicio el 4 de junio de 1938. El formato sería el mismo que el de Italia 1934: eliminatoria directa a un solo partido. Suecia, cuyo rival era Austria, pasó directamente a la siguiente ronda. Fue una ronda bastante pareja, 5 de los 7 encuentros se fueron a tiempo extra: Italia venció a Noruega (2- 1), Brasil batió a Polonia (6-5), Checoslovaquia hizo lo propio con Holanda (3-0); mientras que Alemania y Suiza empataron (1-1) al igual que Cuba y Rumania (3-3), por lo que tuvieron que jugar partidos de desempate. Alemania nunca logró amalgamar a los alemanes y austriacos, y terminó eliminada (4-2). Por su parte, Cuba dio vuelta al partido y avanzó de ronda (2-1). Hungría, una de las favoritas, vapuleó a las Indias Orientales Neerlandesas (6-0) y Francia dejó en el camino a Bélgica (3-1).

En cuartos de final, el campeón reinante se vio las caras con el local. Las relaciones entre ambas naciones no eran las mejores. Mussolini no era una figura popular y los seleccionados italianos realizaban el saludo fascista antes de cada partido, algo que era reprobado por la afición local.

Italia de negro

Ambos equipos tenían el azul como color principal en sus playeras. El segundo color de Italia era el blanco, pero Mussolini dio la orden de usar la maglia nera (camiseta negra) con el Fascio Littorio en el pecho (símbolo romano adoptado por el fascismo). Mensaje nada sutil del duce: era un homenaje a sus camice nere, los camisas negras, cuyo nombre oficial era Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale (Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional). En otras palabras, una fuerza paramilitar que era el grupo de choque de Mussolini, cuyo uniforme era negro. Toda una provocación a los antifascistas y la única vez que Italia ha vestido este color en una competencia oficial.

La hostilidad de los locales no intimidó a los italianos, quienes vencieron 3 a 1. Suecia, que había calificado a esta instancia sin jugar, pasó por encima de Cuba (8-0). Brasil, con Leónidas -apodado el “Diamante Negro”– como insignia, empató con Checoslovaquia (1-1), partido conocido como la “Batalla de Burdeos”, por la dureza del choque, que además requirió del replay para alcanzar las semifinales (2-1). Mientras que Hungría se deshizo de Suiza (2-0).

Leónidas

En semifinales se dio una de las decisiones más controvertidas: Adhemar Pimenta, el técnico brasileño, dejó a Leónidas en el banquillo, para reservarlo para una hipotética final. Craso error. Brasil fue eliminado 2 a 1 por Italia, dejándonos con la duda de lo que pudo haber sido este partido si Leónidas hubiera jugado. Por su parte, la máquina magiar, Hungría, siguió su paso arrollador. Con triplete de Zsengeller, derrotó a Suecia 5 a 1.

En el partido por el tercer lugar, Léonidas no dejó dudas de que él era la figura del torneo. Un par de goles suyos ayudaron a Brasil a imponerse 4 a 2 a Suecia. Fue el único Mundial que disputó el “Diamante Negro.”

En el partido final, todo fue de color azurro. Meazza se despachó con dos asistencias para Piola y Colausi, ambos anotaron doblete.

Hungría nunca pudo encontrar su mejor juego y Szabo vio como cayó su portería en cuatro ocasiones. Italia bicampeona.

Vittorio Pozzo, el DT de Italia, sosteniendo la Copa.

Y si bien Szabo se consoló pensando que había salvado la vida de los italianos, lo que no sabía es que el mundo estaba en la antesala de un conflicto que acabaría con más, mucho más, de once vidas. La tensión política terminó por explotar en lo que fue la Segunda Guerra Mundial y el mundo ya no sería nunca el mismo.

 

Y el Mundial, a menos de manera oficial, tardaría 12 años en regresar.

 

Datos curiosos:

-Por primera vez se dio la inscripción de 22 jugadores por cada país participante.

-En caso de un posible empate en la final, que no podía ser roto ni en los tiempos extra, los dos equipos serían declarados campeones por “igual mérito”.

-Las reglas del futbol, escritas por los ingleses en 1898, tuvieron en 1938 su redacción definitiva. Una de las últimas novedades fue el trazado de un semicírculo frente al área grande, para que ningún jugador se situara a menos de 9,15 metros en el momento de patearse un tiro de penal.

-En el partido de desempate entre Cuba y Rumania, el portero titular, Carvajales, no alineó. ¿La razón? Fue invitado por la radio cubana a comentar el partido en cuestión. Sin embargo, su sustituto, Juan Ayra, hizo un buen papel.

-En el partido entre Italia y Brasil, Giuseppe Meazza se preparaba para ejecutar un tiro penal. Repentinamente, antes de acomodar el balón, se le cayó el short. El resorte se rompió en un forcejeo. Mantuvo la compostura y se acomodó lo mejor que pudo para convertir el penal en gol.

-El Diamante Negro anotó descalzo uno de los cuatro goles que le hizo a Polonia, tras haber perdido una de sus botas.

Leónidas obtuvo la Bota de Oro tras anotar 7 tantos.

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Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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