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Mundial Chile 1962: La Batalla de Santiago

“Buenas noches, el juego que usted está a punto de ver es, posiblemente, la más estúpida, horrible, repugnante y vergonzosa exhibición de fútbol de la historia”. Esas fueron las palabras que utilizó el presentador de la BBC, David Coleman, cuando se transmitió el partido entre Chile e Italia del Mundial de 1962. Fue tal la violencia que ejercieron en el campo, que este encuentro pasó a la historia como la “Batalla de Santiago” y las repercusiones que tuvo impactaron a los equipos tanto sudamericanos como europeos.

Para entender mejor porque este partido llegó a este descontrol, es importante revisar el contexto previo al encuentro. Chile había ganado el derecho de organizar el Mundial de 1962, aunque no eran una nación con demasiada historia futbolística. Sin embargo, el megaterremoto que golpeó al sur de la nación andina trastocó los planes y alteró la organización. A pesar de las dificultades, los chilenos lograron cumplir con los tiempos y para la inauguración todo estaba listo.

También tenemos que considerar que el fútbol seguía evolucionando, y justo en este Mundial, se empezó a ver una notable escalada en la violencia con la que se disputaban los partidos. Tensiones extra cancha se trasladaron al terreno de juego. Por ejemplo, la URSS y Yugoslavia tenían cuentas pendientes por las diferencias entre Stalin y Tito. Además, venían de jugar la final de la Eurocopa, en 1960 en París, con triunfo por 2 a 1 para la URSS. Había tensión, rivalidad, conflicto político.

El partido se transformó en una verdadera lucha encarnada. Cortes que requirieron sutura, hematomas, fracturas. Pero la entrada hartera del delantero yugoslavo Mujic al defensa Eduard Dubinsky fue algo escalofriante. ¿Lo peor? No se marcó ni falta. La brutal entrada provocó la rotura de tibia y peroné a Dubinsky. Fue tan violenta la jugada, que hasta los propios compañeros decidieron expulsar a Mujic. El soviético nunca pudo recuperarse de la lesión y, siete años después, terminaría perdiendo la vida por complicaciones derivadas de esa fractura.

Eduard Dubinksi siendo trasladado en camilla tras sufrir la entrada de Mujic

A esa misma hora en la que yugoslavos y rusos se repartían patadas, los alemanes y los italianos hacían lo propio. Dos lesionados por bando. Herberger, el técnico alemán, declaró: “Éste ha sido el partido más duro en la historia del fútbol alemán”. Checoslovaquia y España tampoco se quedaron atrás. El español Rivella terminó con el pie enyesado y su compañero Reija con rotura de menisco. El portero checo Schrojf quedó inconsciente tras recibir una patada en la cabeza y el partido debió suspenderse por casi cinco minutos hasta que pudo recuperar la conciencia.

Checoslovaquia vs España

Argentina y Bulgaria, por su parte, terminaron con un saldo de cinco argentinos lesionados y dos búlgaros se perderían el torneo por la gravedad de sus lesiones. ¿Lo más sorprendente de todo? Es que en ninguno de los partidos mencionados hubo jugadores expulsados. Los arbitrajes, con una tolerancia inadmisible, contribuyeron a que la violencia en la cancha se propagara a un punto casi insostenible.

La FIFA, notando la gravedad de la situación, se reunió de emergencia el 1 de junio para tratar de apaciguar los ánimos violentos. Al día siguiente, Chile e Italia saltaban a la cancha en el Estadio Nacional de Santiago. El escenario estaba preparado para un espectáculo lamentable. Y no sólo por lo deportivo, sino porque, en lo social, la afición chilena estaba furibunda contra los italianos. Días antes de que iniciara el Mundial, dos periodistas italianos Corrado Pizzinelli y Antonio Ghirelli, publicaron artículo de cómo era la vida en Chile.

Chile, en 1960, venía de una decepción con el populismo, ya que el país se hundió en una crisis económica. El gobierno de Jorge Alessandri, buscaba estabilizar económicamente al país, por lo que el escenario que encontraron Pizzinelli y Ghirelli, no fue el más favorable para la imagen exterior de Chile. El subdesarrollo de Sudamérica y las enormes diferencias sociales -que aún existen en pleno siglo XXI- quedaron retratadas en las crónicas de los periodistas italianos, y que describían las condiciones de poblaciones en miseria extrema, problemas cotidianos que afectaban a los locales y a los turistas, como la falta de infraestructura para transporte público, entre otros. Santiago, la capital, fue descrita con frases como: “el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del planeta, afligido por todos los males posibles, como la desnutrición, la prostitución, el analfabetismo, el alcoholismo y la miseria.”

Los artículos fueron enviados a Santiago por la embajada chilena en Roma. El gobierno de Chile se los hizo llegar a los medios locales, y entonces el nacionalismo chileno se vio exacerbado. Se realizaron campañas de radio y prensa escrita, en las que se invitaba a responder el insulto y el agravio extranjero con contundencia e hicieron que el partido tuviera un entorno frenético de patrioterismo y revancha.

La delegación italiana buscó apaciguar los ánimos y la hostilidad con declaraciones mesuradas, depositando flores en las tumbas de los héroes chilenos, y, haciendo una ofrenda de ramos de claveles al público chileno el día 2 de junio. Sí, los jugadores lanzaron flores a los 66,057 espectadores que estaban en el Estadio Nacional de Santiago, pero la afición se las regresó de malas maneras, junto con escupitajos, monedas, frutas y otros objetos.

Cuando el árbitro, Ken Aston, pitó el inició del partido. Apenas a los 12 segundos, se cometió la primera falta. Sólo era el preámbulo para lo que vendría después.

No habían pasado ni cinco minutos, cuando Aston tuvo que intervenir para impedir una pelea entre los equipos. El partido siguió escalando en la intensidad y la rudeza, al punto que la anarquía fue lo que reinó. Giorgio Ferrini, un mediocampista italiano, reaccionó a una falta de Honorio Landa, propinándole una patada al chileno justo frente al árbitro inglés. Sin tener más opción que expulsarlo (recordemos que aún no existían las tarjetas), Aston expulsó a Ferrini. Sin embargo, el italiano se rehusó a abandonar el terreno, ya que Landa no había sido apercibido por las constantes faltas que había cometido. Entonces, por casi ocho minutos, Ferrini permaneció en la cancha, exigiendo respuestas. El público lo abucheaba e increpaba, pero esto sólo hizo que Ferrini fuera cada vez más desafiante. Así que la solución fue que la policía chilena ingresara al terreno y lo sacara del terreno.

Antes del medio tiempo, Leonel Sánchez, la estrella de Chile, recibió una falta de Mario David. Sánchez, en venganza, le conectó un gancho izquierdo en la cabeza a David. Hijo de un boxeador, Sánchez no era ajeno a este tipo de intercambios. A pesar de que el juez de línea estaba muy cerca, Sánchez tampoco fue apercibido. Pero no escaparía de la furia de David. Instantes después, el italiano le propinó una patada voladora en la cabeza y Aston, que estaba cerca de la acción, expulsó a Mario David, como procedía en el reglamento. Al finalizar la primera mitad, Italia tenía dos hombres menos para enfrontar la segunda parte. ¿De fútbol? Sólo el balón.

Image by © -/dpa/Corbis

Durante el segundo tiempo, la policía tuvo que intervenir para evitar que las reyertas terminaran en una pelea casi callejera. Sánchez seguía eludiendo las amonestaciones, a pesar de haber golpeado a Humberto Maschio -rompiéndole la nariz-, tras un fuerte encontronazo entre ambos. Las patadas, las faltas y la dureza siguieron y Aston era incapaz de mantener el orden.

El partido parecía más de rugby, o una pelea de box o kickboxing. Aunque, los goles anotados por los chilenos, recordaran que sí, que esto era un encuentro de fútbol. Al minuto 73, los italianos no resistieron más, y vía un cabezazo a quemarropa de Jaime Ramírez, Chile se adelantó en el marcador. La ventaja la aumentó al ’87 Jorge del Toro con un excelente disparo de larga distancia. Con ese gol, Chile aseguró el triunfo y logró, extrañamente, terminar el partido sin un solo jugador expulsado. Al silbar Aston el final, los italianos, temerosos de la reacción del público, huyeron a los vestidores.

Al día siguiente del partido, los ecos no se hicieron esperar. En Chile, se señaló a los italianos como los responsables de instigar e, incluso, hubo acusaciones de dopaje contra los azurri. La réplica italiana fue igual de elocuente. Se quejaron con la FIFA ante la imparcialidad de Aston y acusaron a la “Roja” de actuar como salvajes en la cancha. La situación llegó a tal grado, que, cuando las noticias llegaron a Italia, el ejército italiano tuvo que ir a resguardar el consulado chileno en Roma.

El resto de la prensa Mundial estaba, razonablemente, escandalizada y avergonzada. El fútbol había perdido y, como es costumbre llamar “Batalla” a un partido que ha resultado más violento de lo normal, a este partido se le llamó la Batalla de Santiago, porque más que un partido, pareció una guerra.

El árbitro inglés, Aston,  declaró días después que no había arbitrando un partido de fútbol, sino que fue un referee en medio de maniobras militares. Curiosamente, sería Ken Aston que, tras el caos arbitral de los Mundiales de 1962 y 1966, tuvo la idea de las implementar las tarjetas amarilla y roja (inspirándose en los semáforos) que hicieron su debut en el Mundial de México 1970.

Aston durante la Batalla de Santiago

La reacción de la FIFA ante este partido fue tibia y dejó qué desear. No se impuso ningún castigo para sentar un precedente. A Ferrini sólo le dieron un partido de suspensión, mientras que Sánchez y David no fueron sancionados en absoluto. Lo único que le interesaba a la FIFA era que el torneo continuara y buscó dejar atrás la polémica.

Días más tarde, cuando la Roja derrotó a la Unión Soviética, en los periódicos de Santiago se leyeron títulos como “Subdesarrollados 2 – Europeos 1”. Y no sólo con referencia a los artículos de Pizzinelli y Ghirelli, sino por todas las dudas que los países europeos tenían con respecto a la organización del Mundial en el país andino. Algo se rompió en las relaciones entre selecciones europeas y sudamericanas. A lo anterior, se suma el hecho de los jugadores sudamericanos que decidieron representar a alguna nación europea. Esto fue interpretado como un intento de disminuir la competitividad de los equipos sudamericanos y entorpecer así su éxito.

La hostilidad que se generó fue palpable cuando los equipos, tanto clubes como selecciones nacionales sudamericanas y europeas se enfrentaban en un escenario internacional. En la Copa Intercontinental de 1963, el Santos de Pelé y el Milán de Cesare Maldini tuvieron una serie de tres encuentros cargados de violencia.

La siguiente década estuvo marcada por la animosidad en los partidos entre equipos y selecciones intercontinentales. Hubo escenas sangrientas, con jugadores que terminaron, incluso, inconscientes. No fue sino hasta la década de 1980 cuando hubo un descenso en la animosidad, derivado por un reglamento más rígido y la mayor presencia de jugadores sudamericanos en el fútbol europeo.

Nestor Cobmin, sangrando e inconsciente durante el encuentro de vuelta de la Copa Intercontinental de 1969 contra Estudiantes La Plata.

Es por lo anterior que era importante revisar la Batalla de Santiago, sus antecedentes y sus consecuencias, por que los efectos y el impacto que tuvo en las relaciones entre los equipos de Sudamérica y Europa, desarrollando una rivalidad continental, que aún persiste hasta nuestros días.

 

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Silverlune24

Silverlune24

Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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