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Real Madrid: Son las 12:33

En el Real Madrid, el reloj marca las 12:33. El madridismo grita con júbilo. Las 12:33. Algo único que ningún otro club puede presumir. Una hora marcada sólo para los elegidos. Y el único elegido es el club blanco. Ése que hizo grande Di Estéfano, Puskas, Gento, Pirri, Amancio, Santa María, Juanito, Hugo Sánchez, Butragueño, Michel, Zidane, Casillas, Raúl, Cristiano Ronaldo. Club que está recuperando su voracidad ganadora de antaño, rompiendo la maldición de no poder repetir en años consecutivos como campeón de la orejona.

El Madrid labró su grandeza ganando Copas de Europa. Ganó las primeras cinco y la hora por algunos años marcó las 6:27. La competición que los hizo grandes les rehuía. 32 años sin Copa de Europa. Ni una Champions League en sus vitrinas. El Milán se acercaba peligrosamente con 5 títulos. La Séptima llegó de la mano de Jupp Heyckens. Contra la Juventus. Un gol de Mijatovic valió para que la hora avanzara hasta las 7:27.

Di Estéfano y las Cinco Copas de Europa

A partir de entonces, el Real Madrid ganaba o Liga o Champions. No lograba que el dominio europeo se reflejara en su liga y viceversa. Así, llegaron a las 9:28. Seguía siendo un reloj único, privilegiado, pero quedó estancando. Lograba avanzar el minutero, pero a cuenta gotas. 9:31. Raúl sería el estandarte. Sin embargo, el dominio local tenía otros colores. Los rivales europeos levantaban Champions y el Madrid no pasaba de octavos.

Raúl

El Real Madrid, acostumbrado a ser protagonista, cayó en un periodo de espera, de un papel secundario, no sólo en la Champions, sino también en su Liga. Un club acostumbrado a levantar títulos, a ser protagonista, veía como las luces del triunfo, del éxito, apuntaban a otros horizontes. La afición, siempre exigente, demandaba algo más de un club que los tenía acostumbrados a otro tipo de éxitos. Los rivales, echaban en cara las Copas de Europa en blanco y negro, la sequía en liga, la falta de estabilidad, los millones derrochados en fichajes y los pocos resultados.

 Pasaban los técnicos y los jugadores. Por mucho tiempo, el reloj se paró en 9:31. Entonces, Mourinho llegó, buscando reavivar el dominio que tan bien era conocido por los aficionados merengues. Y si bien la ansiada Décima no llegó, el equipo se quitó el bloqueo de los octavos de final. Lo que sí logró el portugués, fue un avance en el minutero: 9:32. Tras años de sequía de títulos importantes (el último en 2007/08) llegó una Liga.

Mourinho festejando el título 32 de Liga

Pero el costo de esa liga fue alto. Mourinho desgastó a todos los involucrados. Era necesario renovar. Purgar el aire enrarecido por polémicas inútiles y luchas fútiles. La llegada de Carlo Ancelotti fue recibida como una bocanada de aire fresco. El italiano, exitoso y efectivo, fue el revulsivo que necesitaba este equipo en Europa. La Décima era la consigna. Un hito histórico. El primer club en llegar a diez Champions. El único club que siquiera podía soñar con semejante hazaña.

Y el italiano, de la mano de un milagroso Ramos, un sublime Di María, un oportuno Bale y un letal Cristiano, lograrían la ansiada décima. No fue un camino fácil, porque en Liga se llevaron otra decepción. Pero había avanzado la manecilla que más deseaba el madridismo y una nueva hora llegó. 10:32.

Gol de Ramos al 92:48

Pero Carletto no duraría mucho en el banquillo. Tras desplegar un futbol maravilloso al inicio de la temporada 2014/15, el equipo se derrumbó en la segunda mitad. Todo el buen juego dio paso a derrotas y eliminaciones. Otra liga perdida. Y un gol de Morata (que regresaría a enfundarse de blanco) los dejaba fuera de la disputa de la Champions.

Florentino, hombre poca paciencia y mucha controversia, despidió al italiano y, con mucha controversia, le dio la batuta a Rafa Benítez. Craso error. Por muy madridista que Benítez se proclamara, su personalidad y su palmarés nunca convenció a los pesos pesados del vestuario. Un vestuario que había perdido a Casillas, cuya salida fue triste para su leyenda. Lección que, sin duda, debe ser aprendida por los máximos dirigentes blancos para despedir con los honors que merecen sus leyendas.

Insípido adios a Casillas

Con Ramos de capitán y con mucho escepticismo hacia Rafa, el Madrid naufragó en la Liga. Un 4-0 supuso el principio del fin para un técnico al que le quedó grande el club de sus amores. El 4 de enero de 2016 sería cesado y, como regalo Día de Reyes adelantado, llegó un Mago del balón: Zinedine Zidane. Su llegada también trajo dudas. Su paso por el Castilla había sido, cuanto menos, modesto. Pero el alumno más avanzado de Ancelotti había sido un crack en la cancha, y eso bastaba para ganarse el respeto del vestuario.

Florentino con Zidane el día que Zizou fue nombrado el encargado del primer equipo

La Liga volvía a ser un caso perdido. Pero Europa es dónde el Madrid se transforma en una bestia blanca, voraz y hambrienta. Tras eliminar a un Manchester City inofensivo, se vio de nuevo las caras contra un Atlético de Madrid sediento de revancha. Apareció otra vez Ramos. El Atlético respondió. En los tiros de penales, Juanfran falló, algo que no haría Cristiano. FELIZidane blanca. La Onceava. El madridismo no tuvo que esperar más de una década para hacerse con otra Orejona. Poco a poco iban desarmando el mito de que sólo ganaban en tiempos donde el mundo era blanco y negro. No obstante, había un pendiente más. El reloj se adelantó a las 11:32, y el segundero tenía que moverse ya.

Ese pendiente sería abordado esta temporada. Zidane, sin aspavientos de genialidad táctica, dio lo que este equipo requería: balance y rotaciones oportunas. Y los jugadores respondieron cuando había que hacerlo. Ramos y su oportunismo goleador para salvar puntos. Marcelo y Carvajal dando cátedra por las bandas, así como Kross y Modric en el medio campo. Cuando los de siempre llegaban a faltar o fallar, aparecieron figuras inesperadas. Isco se erigió como titular indiscutible. Nacho supo cubrir todas las posiciones en la defensa cuando fue requerido. Kovacevic supo suplir a Casemiro. Morata demostró el amor por su camiseta anotando cada vez que era requerido. Lucas Vázquez rindiendo cuando era requerido. Y Cristiano siendo más CR7 en los momentos donde se requería su versión más letal. Incluso el inconsistente Benzema tuvo sus momentos de brillo. Hasta el injustamente cuestionado Keylor demostró que nadie mejor que él para ser el cancerbero de la meta blanca.

Lo anterior marcó el 2016/2017 del Madrid. Goles oportunos, jugadores rindiendo al máximo cuando era requerido, inteligencia en la gestión de esfuerzos individuales y colectivos, desdramatizar derrotas y nunca perder el objetivo. La Copa del Rey supuso una eliminación temprana para los blancos y la liga la tuvieron que pelear hasta el silbatazo final del último partido. No tuvieron que ser lo más brillante, pero el jugar bien no siempre va de la mano de la estética. Jugar bien en el futbol consiste en dominar un estilo, y el Madrid domina el propio como nadie. Son letales, prácticos, con recursos ilimitados y una creencia firme en lo que despliegan en la cancha.

Clic. Así se llegó el segundero al 33. Se podrá buscar algún demérito, sin embargo, en una liga irregular, el Madrid fue el más consistente. Zidane, con su discurso tranquilo, su impecable gestión y la elegancia de sus formas, seguía desmitificado su “flor”. Claro, tiene suerte, pero eso es parte de los imponderables de este deporte. Y la buean suerte es del que va en pos de la victoria. No será innovador ni busca el preciosismo. Simplemente hace lo que supo hacer como jugador: ganar. 

El entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, es lanzado por los jugadores al final del partido de fútbol de la liga española ante el Málaga. Foto/ AFP

Y ganar es lo que mejor ha sabido hacer el Real Madrid en su historia. Establecer récords, romper marcas y terminar con maldiciones también lo saben hacer. Así que el pasado 3 de junio del 2017 tenían ante sí una oportunidad de seguir imponiendo registros. No la desaprovecharían.

La Juventus salió buscando competir. El Real Madrid salió a ganar. Esa es la gran diferencia entre ambos clubes y explica porque unos han perdido 7 finales y los otros han ganado 12 trofeos. El Madrid, en su ADN ganador, construido en la década de los 1950, no concibe la derrota ni el perder en el torneo que siente como suyo. Así que, tras un inicio algo lento, devoró a la Juventus con la avidez de una bestia insaciable. 4 a 1 incontestable y primer club en ganar dos Champions consecutivas. ¿Y quién más si no? Sólo podía ser el Real Madrid.

La Doceava

59 años después repetían un doblete. 500 goles. El máximo goleador de la historia., Nuevo récord de Champions y de Ligas. Oportunidad de repetir como bicampeón de la Súper Copa de Europa y del Mundial de Clubes…

Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan. Tan.

Doce campanadas. Son las 12:33. Dime, madridista, ¿qué se siente ver que tu reloj marca las 12:33?

Hala Madrid. El más grande está de regreso.

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Historiadora de profesión. Geek, nerd, friki, noña, etc., por convicción. Apasionada de los deportes, historia, cine, cultura, anime, manga, videojuegos y caricaturas. Old school all the way.

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